La historia del vino

La historia del vino

7 de enero de 2021 Artículos, Sommelier 0

– Por Jorge Gómez, Sommelier de Wine Art School,
y docente de enología en Culinary

Experiencia Cata Vertical de Bobal en Bodega Honda (Requena)

La palabra VINO, se encuentra en griego οἶνος, y el latín vinum (de donde viene el castellano vino). Del latín pasó al celta (irlandés antiguo, fin; galo, gwin), al germánico (idioma gótico, wein; alemán, Wein; inglés, wine). El vino se produjo por primera vez durante el Neolítico, según los testimonios arqueológicos hallados en los montes Zagros, en la región que hoy ocupan Irak e Irán, gracias a la presencia de la Vitis vinifera sylvestris y la aparición de la cerámica durante este periodo. Recientemente se ha encontrado en Georgia, Europa del Este, la bodega más antigua conocida, datada en el año 8000 a. C.

​Más adelante, el consumo de vino se extendió hacia el occidente, llegando hasta Egipto, durante el Imperio Medio (siglo XX a. C.). donde Osiris es considerado como el Dios del Vino. En la antigua Grecia el vino se bebía mezclado con agua (a veces agua de mar) y se conservaba en pellejos de cabra. Y ahí, se adoraba a Dionisio  (dios del vino y los viñedos). El vino que tomaban era espeso y oscuro, y casi siempre de uvas blancas. Acostumbraban, en un evento privado llamado Simposion, a consumir el vino entre el anfitrión y sus invitados.

En Roma, el origen del vino se atribuyó al dios Baco, y en su honor se organizaban las fiestas llamadas bacanales, durante
las cuales el vino se consumía en abundancia. Se hacían desfiles acompañados de música y de un grupo de bailarinas
llamadas bacantes.

Durante el Imperio Romano, las Legiones Romanas se encargaron de difundir la cultura del vino en los territorios
conquistados, España (Hispania), Francia (Las Galias) y Alemania (Germania). A la caída del Imperio Romano, en la Edad Media, la viticultura debe su mayor desarrollo a la propagación por los monjes cristianos, por ser el vino necesario para la celebración de la misa. Los monasterios, con sus propios métodos de cultivo y vinificación, fueron los precursores de la viticultura en el resto de Europa.

Cuando los vikingos llegaron a la América continental denominaron a las tierras descubiertas Vinland («tierra de
vino»), ante la abundancia de vides silvestres que allí encontraron. Pero ninguna era la Vitis vinifera L. Se intentó sin
resultados satisfactorios obtener vino de ellas.

Después del descubrimiento de América por Cristóbal Colón, los conquistadores y colonizadores españoles llevaron ya desde comienzos del XVI la Vitis vinífera de origen español a América, con la finalidad de obtener vino para celebrar la misa y para consumo de los colonos. Esa clase de uva fue llamada “criolla” en México y Sudamérica y “misión” —cepa de misión— en California. El interés por los buenos vinos, en competencia con los europeos, se despierta en América a comienzos del siglo XIX.

Se empezó a fomentar el cultivo de la vid con decretos regionales, como el de Hernán Cortes que obligaba a los
colonos terratenientes a plantar 1000 pies de vid por cada 100 nativos que tuvieran a su cargo, siendo los Jesuitas los
primeros en establecer viñedos en sus primeras misiones. Esto comenzó una floreciente industria que debido a las facilidades de elaborar el vino en América, se evitaban los problemas de llevar el vino desde España con sus peligros, corsarios, tormentas, que el vino se echara a perder, o que se dependiera del precio de España. En 1531, Carlos V ordenó que todos los navíos con destino a las colonias españolas en América llevaran viñas y olivos para plantar.

Esto tuvo sus consecuencias; más adelante, el Rey español Felipe II ordenó entonces que todos los viñedos fueran
destruidos y cesara la producción local de vino; esto con el fin de proteger a los productores de vino en España.
En 1551 se plantaron los primeros viñedos en Perú, y la tradición señala a Francisco Aguirre como el primero que plantó
una vid en Chile. Las viñas llagaron a Argentina también en este siglo. Por otra parte, se atribuye al misionero jesuita Juan de Ugarte la plantación de la primera viña de Baja California, en la Misión de San Francisco Javier. Y así se empezó a gestar la industria vinícola en México y en Sudamérica.

1597: El 18 de Agosto, el colono español Lorenzo García, en lo que hoy es la región de Parras, Coahuila, recibe del Rey de España una dotación de tierras con el propósito de plantar viñas para producir vino y brandy; nace así la Hacienda de San Lorenzo (hoy Casa Madero), considerada como la primera vinícola comercial del continente americano.

1767: Los misioneros jesuitas también habían traído vides para poder producir el vino sacramental en la Nueva España y al ser expulsados del centro del país, se radicaron en Baja California en la misión de San Diego de Alcalá, donde Fray Junípero Serra plantó la primera vid. Esto en lo que hoy es el condado de San Diego.

1774: Don Miguel Hidalgo y Costilla incrementó los viñedos existentes en los contornos de la población de Dolores Hidalgo,
en el ahora estado de Guanajuato.

1840: En Chile comenzó el gran impulso agrícola en la llanura que se extiende al sur de Santiago. Entonces, ricos mineros del norte compraron estas tierras y construyeron una extensa red de canales de riego, lo que les permitió plantar las “viñas del Maipo”. Transformaron así la zona en el primer vergel agrícola y vinícola de Chile.

1851: Silvestre Ochagavia fue el primero en traer, personalmente, de Francia las más finas cepas viníferas,
Cabernet Sauvignon, Merlot, Pinot Noir, Malbec, Sauvignon blanc y Chardonnay, e inicia con ellos en el país la sustitución
de las antiguas cepas españolas, constituyendo hasta hoy la base de la producción de vinos chilenos.

1888: Francisco Andonegui y Miguel Ormart compran los terrenos de la antigua Misión de Santo Tomas, y fundan
Bodegas Santo Tomás, la primera vinícola de Baja California.

1928: Angelo Cetto Carli funda en Tijuana, Baja California Bodegas Cetto.

Durante los siglos XVI, XVII y XVIII la viticultura pasó al Nuevo Mundo, comenzando en América Central y del Sur y continuando su desarrollo por América del Norte y luego Australia, Nueva Zelanda y Sudáfrica, donde se introdujeron distintas variedades de uvas. Estos países producen hoy en día vinos de una excelente calidad, que en algunos casos compiten tranquilamente con los mejores vinos europeos.

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